La seguridad se expende en máquinas


La ley de prevención de riesgos laborales obliga a las empresas a poner a disposición de sus trabajadores, de forma accesible, los equipos de protección que requiera su puesto (cascos, guantes, gafas, botas, mascarillas…), así como a llevar un registro de los elementos utilizados. En muchas empresas, esto se ha traducido en una persona (en numerosas ocasiones el encargado de planta u obra, según sea una empresa industrial, de servicios o de la construcción) dedicada al reparto de material, armada con papel y bolígrafo apuntando qué coge cada uno y si lo devuelve o no. En los peores casos, se limita a una caja, arcón, armario o almacén de donde cada trabajador coge lo que necesita y, si se acuerda, lo apunta.
Algunos empresarios ingeniosos recurrieron a las máquinas expendedoras, sustituyendo las latas de refrescos y los sandwiches por guantes y mascarillas.
El irundarra Manuel Arregui, que trabajaba en Sevilla en el departamento de I+D de Iturri, un destacado fabricante de equipos de seguridad, observaba cómo las espirales de las máquinas de vending rasgaban los guantes, dejaban enganchado el producto evitando que cayera, y otros problemas. «Una buena idea que necesita ser perfeccionada», pensó.
Recurrió al conocido fabricante de máquinas Azkoyen para diseñar una máquina a medida, encontró quien invirtiera en su proyecto, y hace dos años alumbró una iniciativa empresarial que busca facilitar la gestión del cumplimiento de la ley y, lo que en su opinión es más importante, «mejorar la productividad y ahorrar costes a la empresa».
La parte visible del servicio de Autodispensación y Control (AyC) -así ha llamado a la empresa- es una máquina expendedora de equipos de protección individual (EPI), a la que los trabajadores recurren para coger lo que necesitan al entrar a su puesto de trabajo. «La cosa no queda ahí, y por supuesto no se trata de que el trabajador meta una moneda y coja un casco», aclara Arregui. «Somos una empresa de servicios de contenido tecnológico, especializada en el control y gestión de la seguridad en la empresa, no una firma de vending», matiza.
Para coger su equipo, cada trabajador dispone de una tarjeta personal con un chip de radiofrecuencia, que desliza ante el sensor de la máquina antes de solicitar el producto requerido.
«La máquina en sí ya es novedosa, ya que está diseñada de forma que no daña el producto, como hacen las espirales». Pero lo importante es lo que va detrás.
Cuando el trabajador desliza su tarjeta y recoge su producto, queda registrado en una base de datos que queda guardada y que se puede consultar en cualquier momento actualizada a través de internet. «Se cumple, con un 100% de fiabilidad y de forma automática, con la exigencia legal de registrar los usos de los EPI, ya que se puede saber en todo momento cuántos se han utilizado y quiénes lo han hecho», explica su promotor. Este control automático del inventario «permite un ahorro de costes (no se rompen ni desaparecen productos) y, sobre todo, se logra una mejora de la productividad: se evita tener un empleado encargado de repartir y registrar, se le libera para que desarrolle su verdadera labor, y se recuperan los tiempos improductivos de tener a los trabajadores yendo y viniendo a por sus equipos», añade.
Proyecto para un hospital
Para las empresas con EPIs de mayor tamaño (botas, arneses…), que no caben en una máquina expendedora, AyC también ha desarrollado un terminal de control de almacenes. Y para talleres, una máquina especial para herramientas. Incluso se han adentrado en el sector hospitalario, con sistemas de control de recogida y entrega del vestuario. «Estamos trabajando en un proyecto personalizado para el Hospital de La Paz de Madrid», señala para indicar que es un sector en el que ve «buenas perspectivas».
La máquina cuesta en torno a 8.900 euros (tarjetas incluidas) que «se amortizan en cuatro meses con las mejoras de productividad que se registran», según Arregui. Éste afirma que su empresa «está cumpliendo con creces las expectativas de negocio marcadas al inicio de la actividad». AyC, con fábrica en Irun y oficinas en la ciudad fronteriza y Pamplona, se creó hace dos años, aunque los primeros suministros y el despegue de la actividad no comenzó hasta mediados del año pasado. «En pocos meses hemos instalado unas 40 máquinas, y ya tenemos grandes proyectos, como uno para todas las fábricas de un gran grupo del sector de automoción en Francia».
En Gipuzkoa, empresas como CAF, Indar, Fagor Industrial, GKN o La Bacaladera han recurrido a AyC para gestionar sus equipos de seguridad. «Las empresas más avanzadas son las que antes ven este sistema como una inversión, en tiempo y dinero, mientras que las más tradicionales siguen viéndolo sólo como un gasto», explica Arregui.
La máquina, cuya distribución en Gipuzkoa la lleva en exclusiva el distribuidor de EPIs y equipos de limpieza Juper, incorpora un sistema de alerta si se esté agotando el género, lo que facilita que ningún trabajador se encuentre sin su EPI al entrar al trabajo.
via:diario vasco

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